Debajo del puente de hormigón (sin ser feliz)
Tengo el recuerdo de haber hablado ya de lo odioso que me resulta ir hasta Ciudad Universitaria a hacer trámites que tranquilamente podría hacer en la sede cbc de la vuelta de mi casa, pero por ser oh! elite intelectual, una vez por mes debo hacer el sacrificio de tomar el 33 y tener una hora de incómodo tiempo muerto hasta allá.
El miércoles pasado me encontró así, una horita de ida, unos diez minutos para sacar la libreta, otros quince hasta que llegue el 33 y una hora hasta llegar a mi casa...momento, no, no llegué a mi casa. El 33 tiene un fuckin' ramal que va a Dock Sud, del cual di cuenta cuando vi que el bondi no doblaba en la última antes del puente y repentinamente tomaba una considerable elevación sobre una nube tóxica de olor desagradable a riachuelo y fábrica. Es decir que no sólo tuve que volver de Ciudad con el colectivo que más odio en el mundo, sino que tuve que volver de Ciudad confundida con el colectivo que más odio en el mundo, toda una combinación explosiva.
Ahí estaba, en la isla de Dock Sud, en la carnicería de la esquina, esperando al 33 de sentido contrario que me cruzara de nuevo y me llevara a Barracas.
Conclusión: esta vez volver de Ciudad me llevó hora y media, cantando por lo bajo "El mendigo de Dock sud", mientras cruzaba, esta vez sin errar camino, el puente de hormigón.
Oh, 33! gracias a tí me recibí de boluda, ahora tengo una razón más para odiarte.
El miércoles pasado me encontró así, una horita de ida, unos diez minutos para sacar la libreta, otros quince hasta que llegue el 33 y una hora hasta llegar a mi casa...momento, no, no llegué a mi casa. El 33 tiene un fuckin' ramal que va a Dock Sud, del cual di cuenta cuando vi que el bondi no doblaba en la última antes del puente y repentinamente tomaba una considerable elevación sobre una nube tóxica de olor desagradable a riachuelo y fábrica. Es decir que no sólo tuve que volver de Ciudad con el colectivo que más odio en el mundo, sino que tuve que volver de Ciudad confundida con el colectivo que más odio en el mundo, toda una combinación explosiva.
Ahí estaba, en la isla de Dock Sud, en la carnicería de la esquina, esperando al 33 de sentido contrario que me cruzara de nuevo y me llevara a Barracas.
Conclusión: esta vez volver de Ciudad me llevó hora y media, cantando por lo bajo "El mendigo de Dock sud", mientras cruzaba, esta vez sin errar camino, el puente de hormigón.
Oh, 33! gracias a tí me recibí de boluda, ahora tengo una razón más para odiarte.




